Tiene que haber mucho de terquedad o tontería en querer escribir algo sobre la más famosa novela de Gustave Flaubert. Sin embargo, mi propósito es modesto: no me referiré a la novela sino a lo que la novela hizo en mí unos veinte años después de haberla leído por primera vez. Es cierto que eso puede no importarle a nadie, pero asumo que quien llegue hasta este blog algo de esa experiencia le interesará. He dicho que leí la novela por primera vez a los veinte. Hubo otra lectura, una segunda, de la que recuerdo poco, quizás porque lo hice como tarea para un curso o algún escrito. Esta tercera lectura de la que quiero hablar se da en una situación particular: luego de la muerte de Vargas Llosa , quise volver a su ensayo sobre Flaubert y su novela, La orgía perpetua , publicado originalmente en 1975. Mientras las redes sociales devoraban como pirañas el nombre y la trayectoria del escritor peruano, yo rescaté de mi biblioteca el volumen de La orgía para recordar por qué esa escritura fu...
Además de las continuidades y discontinuidades de orden temático entre Loca mitómana y Un beso de Dick , señaladas de manera tan atinada por Pedro Adrián Zuluaga , se me ocurre que hay, también, conexiones e interrupciones entre las formas de esas obras. Mi proyecto puede parecer conservador e impertinente, pero creo que una lectura de los procedimientos escriturales, del uso particular que Guillermo Correa hace de la lengua para la construcción de su novela, viene bien para alimentar su recepción y discusión. Con este propósito, me propongo una reflexión sobre distintos niveles de la forma que, como se verá, es imposible aislar de asuntos del contenido; asumo pues que la distinción forma/contenido opera solo metodológicamente. Lo primero es el género. Loca mitómana es una novela; podrán adjetivarla con términos como biográfica, autobiográfica, escritura o narrativa del yo, autoficcional, autorreferencial. El adjetivo lo discutirá otro comentador, pero el género no: es novela por el ...