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Monumentos II. El arco

De acuerdo. El arco de medio punto que adorna hoy el Parque Municipal Emiro Kastos, de Amagá, no es en sentido estricto un monumento. Sin embargo, como intervención estética que es nos dice cosas de manera directa y oculta otras; es una provocación para el espíritu crítico. Una pieza de semejantes dimensiones no está allí como complemento del alumbrado navideño ni solo para que los turistas se tomen selfis (o eso esperamos). 


Con sorpresa vimos cómo se fue erigiendo durante los últimos meses del año un arco de ladrillo cuya arquitectura recuerda las edificaciones republicanas de comienzos del siglo XX en el centro de Medellín, lo poco que han dejado. Se dice que, en Colombia, la arquitectura de esos años de la modernización usó materiales locales (como el ladrillo) y lo aplicó a moldes traídos de Europa, como los que evocan el frontón escalonado de la parte superior y los pináculos que son al mismo tiempo faroles y que a mí me resultaron especialmente bellísimos, sobre todo en la noche. Visto así, el arco (como se le llama ya en el pueblo) parece un pedazo del comienzo del siglo XX traído a nuestros días para recordarnos algo de lo que ha sido Amagá en la historia del departamento y del país. Materiales, formas y estilo nos hablan de un momento muy importante de la industrialización y de la historia económica de esta región de Antioquia en el que nuestro querido municipio tuvo alguna participación.  



No he leído ni escuchado ninguna declaración al respecto, pero creo que esa fue la intención de la empresa y la instancia de la administración municipal que gestionó e hizo realidad el proyecto. La iniciativa es loable, mucho. Es de reconocer la potencia de esa idea y de esa materialidad que, quisiéramos, hiciera parte de la historia de las ciudadanas y ciudadanos de Amagá en algo más que una foto. Y es ahí donde me pongo cansón: si bien la materialización de una reminiscencia dio como resultado una pieza preciosa que comienza a viralizarse en las fotos de lugareños y turistas, es urgente llenar de sentido esa pieza, construirle un relato. Esta es una tarea que le corresponde a las instancias encargadas de la gestión de la cultura en el municipio. De lo contrario, terminaremos siendo una extensión del turismo en Medellín que disfraza la ciudad con estructuras y escenarios para que los turistas se tomen fotos, sin nada más de fondo. 


Hay archivo fotográfico y audiovisual con registros del ferrocarril, vigías del patrimonio que han hecho un trabajo valiosísimo al respecto, dramaturgia sobre las costumbres y modos de vida a que dio lugar la convivencia con el tren en el corregimiento Camilo C, existen documentos valiosísimos con los que hay que poner a conversar esa estructura. La estructura actual es una fuente de posibilidades para pensarnos como municipio, para reescribir nuestras historias, para cuestionar relatos impuestos y proponer otros, más incluyentes y críticos. 


Podemos hacer del arco estructura muda y vacía de sentido, como tienden a ser muchas obras que parecen levantarse solo para el registro fotográfico, para fingir progreso y perpetuar el mal gusto; o puede convertirse en materialidad que evoca la historia, las identidades, las artes y oficios, los relatos que todavía no conocemos sobre las huellas del ferrocarril en la región. Todo esto habría que conjugarlo con el propósito turístico al que tanto énfasis se le hace.  


Hay que hacer que el arco nos diga cosas, pero para eso hay que saber preguntar. El arco es el eco de la nostalgia de algo que está por contarse. Esa es la tarea de quienes nos sintamos llamados a hacerla.   


 

Comentarios

  1. Oportuna interpelación e invitación a hacer apropiación social del conocimiento, a partir de la presencia del arco de medio punto, réplica de la portada de ingreso a la que fuera la Estación del Ferrocarril de Amagá, en Medellín.

    Oportunidad para fomentar la conversación sobre el proceso histórico de la empresa Ferrocarril de Amagá, y su incidencia en la cultura de la región.

    Gracias doctor Leandro, por su objetiva y propositiva invitación

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    Respuestas
    1. Así es. Ese tipo de obras deberían ser objeto de reflexión y conversación. Por sí solas no constituyen una contribución relevante a la dinámica cultural del municipio.

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  2. Totalmente de acuerdo. Las obras no hablan solas, por muy bonitas que sean. Si no se les da contexto, relato y memoria, corren el riesgo de quedarse en fondo para fotos y nada más. Lo interesante de este arco es justo la pregunta que hay de fondo: ¿qué historia queremos contar y para quién? Ojalá no se quede solo en estética, sino que se convierta en una excusa para mirar nuestro pasado, discutirlo y hacerlo parte de la vida del municipio, no solo del turismo.

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    1. De acuerdo. Es un excelente insumo para la gestión de la cultura en el municipio.

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