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Entradas

Leí a Isabel Allende

Siento algo de pudor al escribir sobre una novela de Isabel Allende; es como si estuviera revelando una vergüenza; una especie de salida del clóset. La razón: hace mucho tiempo, cuando empezaba la universidad, la profesora de un curso de literatura hizo algún comentario (y un gesto) sobre la escritora chilena y con eso tuve para asumir que no era buena escritora, que no hacía buena literatura. No había leído una sola línea escrita por Allende y ya la había condenado. Así también funciona la institución, hay que admitirlo. Pero hace unos días mi hermana me regaló Inés del alma mía (2006); me había hablado de ella antes y yo seguramente no presté mucha atención porque se trataba de Isabel Allende, la condenada. Confieso que desconfié de la tapa del libro, de la imagen de una joven de espaldas vestida de rojo de frente al agua inmensa (supone uno el mar). No obstante, una vez comencé a leer a esa primera persona que se expresa allí en esas trescientas cincuenta páginas no quise parar y de...

Nota sobre Teoría de la gravedad

Son como balas, le dije a alguien que me preguntó qué tal me parecían las columnas (¿Son columnas?) de Leila Guerriero en Teoría de la gravedad (2019).   No sólo porque cada uno de esos textos suena como un disparo que queda retumbando en la cabeza sino porque al final de cada uno muere algo en uno, tal vez la inocencia, la ingenuidad, la hipocresía, la autocompasión, la mentira a veces necesaria con la que cubrimos tanto en nuestras vidas. Todo eso queda como agonizando luego del punto que cierra cada entrada de ese libro maldito.  ¿Cómo describir lo que ocurre luego del punto? Uno saca la mirada de la página y la dirige a algún lado, como buscando algo que ya no está, se siente un desasosiego breve y un vacío… Se juntan la revelación y el hueco en el estómago, la comprensión y la consternación ¿Cómo puede una escritura suscitar todo eso, provocar ese efecto? Llegué a pensar en la imagen de un guerrero antiguo (quizás un aborigen) que toma una piedra o un pedazo de madera bru...

Nota sobre La sombra del viento

  Supe de Carlos Ruíz Zafón por Andrés Delgado, un escritor y mediador de lectura de Medellín que ha difundido en redes su interés por este autor y ha discutido bastante sobre esa división en la que muchos se pierden sobre las diferencias (a veces insalvables) entre una llamada “literatura de línea dura” y otra llamada, de forma despectiva en ciertos círculos de lectores, “literatura de entretenimiento”. Entiendo que Ruíz Zafón pertenecería a esta última categoría. Y confieso que fue un poco eso, ese morbo de lector, el que me animó a leer, primero, una compilación de cuentos del autor español titulado La ciudad de vapor (2020) (publicado de forma póstuma pues Zafón murió en 2020) y, luego, una novela por la que ha sido reconocido: La sombra del viento (2001). Me llevé La sombra del viento a Nuquí en diciembre de 2020, para leerla durante un viaje corto que hice a ese lugar del Pacífico colombiano. Me olvidé del prejuicio de considerarla de entrada un producto de entretenimien...

Nota sobre Nadie nada nunca

Nadie nada nunca  (2014) [1994] es una novela llena de claves, de indicios, sobre la orientación de su construcción: “tan ancho como largo es el tiempo entero”. Le dije a alguien que, al leer esta novela, tenía la sensación de entrar en contacto, en principio, con una bruma densa; y que, a medida que iba entrando, esa espesura se iba aclarando por el mejor contacto con los detalles, con los distintos puntos de vista, con lo aparentemente accesorio, incluso con la digresión. Pienso que Juan José Saer logra que, en la experiencia con su texto – que es siempre azarosa, siempre desafiante e incierta – se acceda a su propia convención de lectura; a veces sin saberlo, el lector termina por pactar una participación en un proceso desconocido y, al mismo tiempo, comprometido con la construcción de un sentido. No miento si afirmo que se trata de una lectura muy significativa, precisamente por lo que exige al lector y a su subjetivad, hay que decirlo. 

Un libro sobre la fisura de lo antioqueño (y de la figura del crítico)

Qué es ser antioqueño No es una cuestión que convoque a alguien que reniega de la antioqueñidad y de la supuesta superioridad auto promulgada de quienes se hacen llamar paisas. Sin embargo, saber que quien respondería a esa pregunta sería Pedro Adrián Zuluaga me animó a comprar el libro, en parte porque sabía, de entrada, que no encontraría allí una apología más del desgastado mito antioqueño.  Entrar en esa pregunta implica, para un crítico de la cultura como Zuluaga, tratar con lo excelso y lo ínfimo, lo académico y lo popular (que no tendrían por qué oponerse), lo canónico y lo marginal; Zuluaga acoge todos los productos culturales que ayuden a responder su inquietud: literatura, cine, periodismo, pintura, entrevistas, correspondencias, todo se conjuga en una escritura rigurosa, cuidada, y no por eso menos bella y accesible. Me parece que este libro es una buena muestra de que pensar la cultura y sus productos no requiere alejarlos de quienes participan de esa cultura; lo que s...

La belleza de la pérdida

Mientras mi abuela moría, la casa se agrietaba y había que arreglarla a cada rato. Era como si se sincronizaran el deterioro de la casa vieja del pueblo y la vida de la mujer más querida por todos, sin mencionar los agrietamientos familiares que luego vendrían. De eso escribí en alguna libreta y precisamente esto fue lo que recordé cuando leí Estudio de las pérdidas , de Wilson Pérez Uribe. La pérdida de la madre, su muerte, misma que para algunas culturas y tradiciones representa la máxima pérdida, es la puerta de entrada a una fina reflexión sobre todo aquello que abandonamos y nos abandona durante la vida; la angustia está en la aceptación de esa condición de la naturaleza y de la humanidad. Vivir es estar en constante pérdida de algo: el tiempo, la salud, la firmeza de los músculos, el verde de las plantas, la tersura de la piel, ceden a la pérdida segundo a segundo. Es una triste verdad, aunque bella. Es una verdad bellamente tratada en el sentido que no se queda en la queja ni en...

Al terminar de leer La pájara

 ¿Por qué es que cantan esas cosas tan tristes cuando hay muertos? (p. 163) Alba Lucía se refiere a su novela como La pájara , y a mí eso me suena como la necia, la inquieta, la rebelde, la que gorjea (trina) todo el tiempo… No sé si ella haya pensado en esa coincidencia alguna vez o si alguien haya establecido una relación similar con el carácter dinámico, abierto, móvil de esta novela. Carátula de la tercera reimpresión de noviembre de 2020, Penguin Random House Grupo Editorial Hace un año, en plena movilización del país contra los abusos del remedo de gobierno que ha sido la presidencia de Duque, el profesor Juan Esteban Villegas recordaba en sus redes sociales la pertinencia de La pájara para entender lo que estaba pasando como una continuidad de la historia de abuso, guerra, tortura y muerte en Colombia. El título me había interesado desde la época que reseñábamos obras para el Sistema de Información de la Literatura Colombiana pero nunca había encontrado una oportunidad para...