El título de este comentario puede generar la impresión que quiero probar si hubo un primer escritor que, antes de uno más reciente, trató el tema de la cuadra, del barrio, de la vida en las comunas populares de Medellín. Pero no, no es esa la intención, al menos no la principal. Pienso que, más bien, el propósito se orienta a arriesgar algunas ideas acerca de cómo se gesta y se nutre una tradición en materia literaria. Quizás una reflexión de este tipo nos ayude a ver, a lo mejor con menos sorpresa, construcciones literarias que se presentan como novedosas aun cuando se trata de motivos y tratamientos conocidos en la literatura sobre Medellín hace al menos cuarenta años.
Me arriesgo a afirmar que poco se sabe sobre La noche de su desvelo, la novela que el poeta Helí Ramírez publicó en 1987, en el volumen 35 de la ya clásica colección Autores Antioqueños. Según un comentario reproducido en la solapa del libro, esta novela se publicó “luego de múltiples reescrituras durante más de cinco años”; es decir que desde 1982 el escritor estuvo trabajando en su proyecto.
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| Portada con grabado de Oscar Jaramillo (1979) |
Escritores contemporáneos de Helí, como Mario Escobar Velásquez, vieron en la novela de Ramírez un efecto natural de sus poemas que tienen “la organización y el aliento del relato”. El hecho es que hoy nos resulta fascinante que una novela de esta factura haya sido publicada en una colección que tuvo como comité asesor a Manuel Mejía Vallejo, Gloria Inés Palomino, Martha Elena Bravo, Darío Ruíz Gómez, Juan Luis Mejía, Jaime Sierra García, María Teresa Uribe y Carlos O. Uribe. Destaco la factura de la novela porque para quien se acerca a ella saltan a la vista los descuidos formales, errores de digitación, faltas de ortografía, malas conjugaciones, entre otros asuntos que, más allá del coloquialismo del narrador (vale decir que predomina una tradicional tercera persona y un clásico estilo directo) ponen en evidencia la falta de cuidado de la edición y un dominio aún no concretado de la forma novelesca.
La novela trata la historia de una familia pobre y se focaliza en Zoilo, el padre; su llegada a la ciudad, la conformación de un hogar junto a Doña Carlina, la esposa; la llegada al barrio en una ladera de la ciudad de Medellín; el trabajo como cargador de envases en una fábrica de gaseosas; el nacimiento y crianza de los hijos e hijas (a punta de gallinas y marranos) con sus correspondientes alegrías y sufrimientos; los deslices amorosos; la vida en el barrio (la convivencia, el chisme, el hampa, la precariedad, la cultura popular); y los secretos, porque Zoilo guarda un secreto que se revela al cierre de la novela y gracias al cual, para nosotros los lectores contemporáneos, llega hasta esta historia un eco de la Violencia.
La organización del relato puede parecer elemental, por momentos torpe: dos amigos se encuentran en el barrio y, mientras toman tinto y comen empanadas, construyen un marco narrativo para la historia de don Zoilo y su familia; una historia que contendrá otra, más amplia y desarrollada. Este marco narrativo se suspende en el apartado nueve del primer capítulo (la novela tiene dos: uno de noventa páginas y otro de setenta aproximadamente) y no vuelve a retomarse en lo posterior. El apartado diez del capítulo uno comienza con don Zoilo cargando cajas de gaseosa en la fábrica donde ha estado durante veinte años y, luego, se presentarán todas las vicisitudes en la historia de la conformación y sostenimiento de su familia hasta su muerte.
Zoilo se presenta como un hombre discreto y honrado, muy trabajador, al mejor estilo del antioqueño ensalzado hasta el cansancio por el típico relato antioqueño. No obstante, tiene un secreto, y es precisamente este secreto el que hace que se desmorone cualquier posible apología: no me refiero tanto al secreto de su amorío con una copera del centro de Medellín -que, por cierto, puede interpretarse como el hecho más disruptivo y memorable de la vida de Zoilo- o a sus aventuras de viejo verde con una vecina, sino a su pasado criminal, a su participación en la Violencia en el Valle: “Don Zoilo mató gente, ayudó a matar gente, señaló gente para matar; hizo huir gente de los pueblos” (p. 158). El hombre de barrio que pudo, junto a su esposa, levantar hijos y hacer de varios de ellos profesionales avergonzados de su cuna popular, se revela como una presencia constante y cotidiana de la Violencia en una Medellín amenazada por nuevas formas de violencia. Zoilo se camufla en la vertiginosa cotidianidad de la ciudad industrializada, en la mezcla de urbanidad y ruralidad del barrio de ladera, de la cuadra y, al final de sus días, como si de un espanto se tratara, reaparece su crueldad inoculada por años.
Como telón de fondo están los habitantes del barrio, sus costumbres, su lenguaje, sus historias y miedos. Niños, señoras chismosas, hampones, el tendero, muchachas que estudian y muchachas que se prostituyen, muchachos que intentan trabajar honradamente y otros que ceden a la delincuencia. El barrio, todavía, no es infierno, pero tampoco es paraíso. Helí Ramírez construye una representación del barrio que está en intersecciones: entre la urbanidad y la ruralidad, entre la superstición y la razón, entre la Violencia (de los 1950) y la violencia (de los 1980), entre las formas de vida de las familias tradicionales antioqueñas y las nuevas formas que les impone la expansión de la industria y el ascenso social.
Ocurre que, quizás por ser la novela de Helí, uno pase por alto sus dificultades formales, o quizás las dote de un sentido que logra articularlas a la arquitectura del texto, a su totalidad. Lo cierto es que al leer La noche de su desvelo no deja uno de pensar en la que es, hoy por hoy, la novela de barrio en Medellín, en las letras de las canciones que la secundan, en una poesía que se pretende partícipe de un lenguaje que no habita, que imposta. Y si bien no nos importa quien haya sido primero, lo que sí importa es de donde nos viene tal o cual forma de hacer literatura. Quizás el reconocimiento de esa trayectoria, de ese proceso, nos permita entrar de una manera más crítica en los productos-estéticos-barriales actuales que son tendencia hoy en Medellín y otras ciudades de Colombia.

Buenísimo ese descubrimiento de Helí narrador.
ResponderEliminarComfama publicó hace pocos meses un volumen de Palabras rodantes dedicado a Helí Ramírez. Allí, al final, incluyeron un fragmento de esta novela. Fue una especie de provocación: https://comfama.primo.exlibrisgroup.com/discovery/fulldisplay?docid=alma991001119229104421&context=L&vid=57COMFAMA_INST:57COMFAMA&lang=es&adaptor=Local%20Search%20Engine
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