Una reconocida publicación periódica pide a un famoso escritor contar su experiencia de viaje de una semana en un crucero de cinco estrellas (¿o cuatro?), para eso la revista paga el crucero y, muy probablemente, paga al escritor. El resultado es un relato del que no sorprende tanto el detalle del día a día en un entorno diseñado para que los clientes se sientan cuidados y no tengan que preocuparse por hacer absolutamente nada (eso sería un desperdicio), sino el retrato certero y quizás por eso mismo risible de un sector importante de la sociedad norteamericana que, tenemos que admitir, es hoy por hoy todas las sociedades o lo que muchas de estas quisieran llegar a ser. Me refiero a Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer (1997), de David Foster Wallace. Es un libro corto, de 150 páginas, catalogado como crónica en algunas reseñas. El texto se termina de escribir en 1995 y ese es el mismo año del viaje en el crucero, por lo que tenemos la oportunidad de asistir, ta...