Debe haber una forma en la que los escritores expresan lo que ven y sienten sobre las ciudades; una forma que es eso: forma en la escritura. Me refiero a una forma que no es la del cuento, ni la de la novela, ni la de la poesía, tampoco la crónica o el reportaje. Estas son insuficientes o inadecuadas. Es una forma que se vale del fragmento, del recuerdo fugaz, de la epifanía que surge en una conversación inesperada, del collage, del recuerdo personal, de la evocación de lecturas, películas y discursos. Es una forma que, a pesar de lo caótica, tiene su identidad en ese mismo caos; su orden posible o el orden al que se someten las realidades que asaltan al viajero (no al turista) que se enfrenta a un territorio desconocido, por más que se haya leído sobre él. En eso pensé al leer Samizdat de La Habana , de Daniel Ferreira (2020). Como el mismo autor lo revela, este es un libro que se construye a partir de dos cuadernos en los que Ferreira consigna su experiencia en dos viajes hechos a ...