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Los poemas del viaje y los poemas del regreso, de Paula Andrea Marín Colorado

Querida Paula, es muy difícil escribir sobre poesía. Es muy difícil escribir sobre algo de poesía escrita por una amiga. Entonces he optado por escribir una carta sobre tu libro de poemas, como esas que uno lee en los periódicos del siglo XIX.     Del amor como viaje me remitió al título de un texto clásico, a Montaigne tal vez. No pasé por alto el símil: el amor es como el viaje; y un viaje es, también, el regreso. De hecho, pensé, solo se logra tener una perspectiva clara del viaje en el momento que se realiza el regreso. Si no hay regreso el viaje deja de ser viaje y se convierte en otra cosa; entonces aparece esa complejidad: el viaje es un irse con la certeza de que hay que volver, y no se vuelve siendo la misma persona. Ahora bien, ¿no puede decirse lo mismo del amor?  I Del viaje  La primera parte del libro se llama “Del viaje” y está conformada por nueve poemas; cada poema lleva por título su primer verso. La dedicatoria “Aquí debería estar tu nombre” m...

De la invención de la memoria a la invención de la soledad

Una vez muere alguien cercano comienza una lucha con la memoria. Ahora puedo (debo) decirlo en primera persona: una vez murió mi papá comencé una lucha con la memoria. Esta puede ser la orientación de La invención de la soledad , libro de Paul Auster escrito en 1980 y que yo leí por primera vez en 2012. Recientemente, a raíz de la muerte de mi papá, decidí releerlo animado por el recuerdo que tenía del texto como una obra que trataba sobre la muerte del padre, del padre ausente, del padre solitario que, cuando falta, deja para quienes necesitan recordarlo, la difícil tarea de construir un retrato suyo al cual aferrarse, para que no muera de la manera en que se muere realmente, es decir, de olvido.  Sinceramente, no recordaba que el libro de Paul Auster tenía dos partes: “Retrato de un hombre invisible” y “El libro de la memoria”, este último compuesto por trece volúmenes en los que A. (una especie de alter ego de Auster) reflexiona sobre asuntos como la muerte, la memoria, el olvi...

Mi primera lectura de David Foster Wallace

Una reconocida publicación periódica pide a un famoso escritor contar su experiencia de viaje de una semana en un crucero de cinco estrellas (¿o cuatro?), para eso la revista paga el crucero y, muy probablemente, paga al escritor. El resultado es un relato del que no sorprende tanto el detalle del día a día en un entorno diseñado para que los clientes se sientan cuidados y no tengan que preocuparse por hacer absolutamente nada (eso sería un desperdicio), sino el retrato certero y quizás por eso mismo risible de un sector importante de la sociedad norteamericana que, tenemos que admitir, es hoy por hoy todas las sociedades o lo que muchas de estas quisieran llegar a ser.  Me refiero a Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer (1997), de David Foster Wallace. Es un libro corto, de 150 páginas, catalogado como crónica en algunas reseñas. El texto se termina de escribir en 1995 y ese es el mismo año del viaje en el crucero, por lo que tenemos la oportunidad de asistir, ta...

Panza de burro

Junto con el lenguaje ha de explotar la moral; no importan las grandes tramas; la materia verbal es una aventura en sí misma; no hay inocencia en la niñez, no en nuestras sociedades capitalistas occidentales; hay literatura en la cotidianidad, en la simpleza, en lo banal y en lo feo; hacer literatura es tratar con una cosa viva, que adquiere vida propia, que puede llegar a excedernos, a sobrepasarnos; dado que es imposible representar la totalidad, hay que hacer del fragmento una totalidad; el punto de vista lo es todo pues es allí donde el valor del tratamiento de las formas y contenidos (en caso de que todavía haya quien se empeñe en separar esas dos cosas). En lo anterior he tratado de sintetizar una especie de credo estético a partir del cual pudo ser escrita y desde el cual se puede leer Panza de burro de Andrea Abreu (2020).  Se trata del mundo visto a través de los ojos de una niña que habita Canarias, el mundo en una isla que puede ser cualquier parte del planeta en la que...

El pecado de la carne, de Andrés Delgado (un comentario)

No es sólo un libro de crónicas; es, también, un libro sobre la escritura, sobre la literatura, sobre la reportería. Existe en la historia del periodismo un momento en el que los redactores salen de las salas para buscar la noticia, el suceso atractivo, y con ello una forma distinta de contarlo, lo que muchos han llamado la voluntad de estilo. Creo que no es un desacierto ligar El pecado de la carne  (2023) a esa tradición. Incluso, hay que decir que es un libro que incluye crónicas (y otras formas no necesariamente periodísticas y no por eso ficcionales), pero que no tienen la urgencia ni la demanda del periodismo; la situación de producción de esta escritura es otra. No sé si Delgado se sienta periodista o no, pero estoy por creer que su interés no se agota en contar la noticia sino en vivir la experiencia para luego transmitirla de alguna manera, lo que no lo libra del morbo, del atractivo de lo sórdido, del exotismo, de un lugar de enunciación de los escritores aburguesados co...

Tinieblas adentro, "historias de muchachos" de Medellín

Los jóvenes han sido, por años, objetos de representación de la literatura y el cine en Medellín. Las décadas de 1980 y 1990 produjeron una representación de la juventud contaminada por el narcotráfico y cuanto problema derivó de ese tristemente célebre fenómeno. Eran jóvenes metidos hasta el cuello en las lógicas de esa realidad abrumadora de la que no podían huir, estaban atrapados y Medellín no les ofrecía otra alternativa. Son los jóvenes de Víctor Gaviria, Alonso Salazar, Fernando Vallejo, Jorge Franco, por sólo aventurar un posible canon reconocido por todos.  Pasadas casi tres décadas, no es desfasado plantear si no una superación sí una transformación de esa representación. En la narrativa y el cine de la Medellín de lo que va del siglo XXI, si bien el narcotráfico respira en el fondo, no ocupa el primer plano; el interés de los creadores por los jóvenes se mantiene, aunque parece haber un reconocimiento de que su tragedia ha tomado nuevos matices; porque siempre habrá trag...

El viajero y sus sombras, de Renán Silva (un atrevimiento mío)

Hay quienes existen para pensar, aunque en sociedades como la nuestra aún cueste tanto ganarse ese lugar, al menos ganarlo por mérito y no por distinción de clase, por privilegio o por publicidad, como es común por estos días. Pero este libro del historiador Renán Silva se refiere a un pensador en el sentido más estricto de la palabra: Francisco José de Caldas. Y, ahora que lo escribo, este libro lleva a redimensionar ese término que hoy se les atribuye a personas que no necesariamente piensan, sino que comentan, parafrasean, balbucean impresiones y, finalmente, confunden. Nuestra academia está plagada de estos pensadores, pero no serán ellos objeto de esta reflexión.  Se debe llamar la atención en el título de este libro que recuerda uno de Nietzsche ( El viajero y su sombra ). Además de la alusión al viaje que cobra una especial importancia en este estudio, las sombras remiten a la insatisfacción, la incompletud, el reconocimiento del límite y la angustia que eso implica en una r...