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El San Francisco de Chesterton

A Jairo Ramírez Rico, a su amor por San Francisco 

Nunca se me ocurrió que habría un día en el que me interesaría la vida de un santo como San Francisco de Asís; digamos que su vida y su relación con la divinidad. Búsquedas netamente personales me llevaron a retomar una oración que memoricé en mis años de estudiante en la Normal de Amagá, y que repetí cientos de veces sin saber el sentido que podría llegar a adquirir, al menos para mí: “Dios, hazme un instrumento de tu paz…”.

Me siento un poco extraño al escribir de esta manera y sobre cosas como estas. Confieso que hay algo de pudor; primero, por atreverme a tocar la vida de un santo y, segundo, porque leer sobre santos puede llevar a que la gente piense muchas cosas. Pero no me importa. La vida de San Francisco, al menos como la narra Gilbert Keith Chesterton (1874-1936), me ha resultado digna de pensar, conversar y escribir.

Supe de Chesterton en un curso de ensayo y recuerdo bien ese nombre en alguna columna o conferencia de William Ospina. Jamás pensé que, al googlear “biografía de San Francisco” apareciera la referencia a un libro suyo. Parece que el escritor británico, además de ensayista, fue biógrafo, aunque no de los grandes, y es posible que lo que hizo con la vida del santo de Asís sea muestra de ello. Chesterton no tiene (ni le interesa tener) el rigor del historiador; los datos históricos conviven con el comentario, las versiones apócrifas y los desacuerdos con otros biógrafos. Su interés no está tanto en la santidad del santo como en el carácter extraordinario del ser humano que fue Francisco. Y creo que es este punto de vista el que mantuvo mi interés en esa lectura.




Abrí el libro que terminé de leer hace unas semanas. En una página elegida al azar encuentro el siguiente texto resaltado: “En realidad, su misión consistió, toda, en convocar a los hombres a empezar de cero y, en ese sentido a llamarlos a olvidar” (p.141). El relato de la vida de San Francisco está plagado de apuntes de ese tipo que acercan al santo, no lo alejan. Chesterton simpatiza con los excesos de humanidad de Francisco, con su dramatismo; se muestra conmovido por esas acciones disruptivas y, a veces, demasiado espectaculares (desnudarse y devolver hasta los vestidos a su padre, dormir en el suelo, dar absolutamente todo a los pobres, empeñarse en restaurar templos condenados a la ruina); nos muestra a Francisco poeta, trovador, una faceta para mí desconocida; y, tal vez lo más importante, reconstruye un contexto medieval del siglo XIII a partir de su riqueza cultural, del paganismo, no del tan manoseado oscurantismo con el que se suele caracterizar ese periodo de la historia.

Pienso que esta búsqueda de Francisco me ha permitido aprender cosas del santo como ser humano, no tanto de su santidad. El relato de Chesterton parece conducir a una bella paradoja según la cual lo verdaderamente santo de Francisco proviene de sus manifestaciones más extremas de humanidad, no de los códigos de santidad desde los cuales se ha narrado su vida durante más de ochocientos años.

***

Nota 1: sigo en la búsqueda de un libro de Herman Hesse escrito en 1904 sobre la vida de San Francisco de Asís. Si alguien tiene noticias al respecto le agradezco que me lo haga saber.

Nota 2: la referencia del libro que sirve de fuente a mi comentario es G.K. Chesterton, 1995, San Francisco de Asís, Argentina, Lohlé Lumen, 146 p.  


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